
La felicidad es acaso el minuto ese en que todo parece brillar de manera exponencial, y la lucidez momentánea de esa realidad impide ver que atrás están los días apilados, los años, la vida. La vida caduca y momentánea.
La felicidad es acaso ese pedazo de luna que encontramos en la cama pero que no tiene otro remedio más que convertirse en sol, es acaso ese guiño de sublimidad que nos recorre la espina dorsal y nos adormece ante el vértigo placentero entre la vida y la muerte de un beso.
La felicidad es acaso el universo eclipsándose en tus ojos en un segundo, es acaso el respiro pausado que se desprende de tu muerte sigilosa entre un lecho de rosas, es quizá el viento que te golpea suavemente recordándote que estás vivo, es quizá el sonido que produce la garganta cuando se queda sin palabras, la felicidad es acaso seguir recostándose en el hombro de la esperanza, es acaso vestirse para la ocasión de un reencuentro, es quizá verse reflejado en el espejo de la libertad y sentirse satisfecho.
La felicidad es acaso ese momento en que descubres que ese mismo bicho que anda y anda y que se le apareció a Cortázar, también se aparece en tus intentos de existir, también se apodera de tu luna, de tus ojos, de tu eclipse y de tus rosas, y entonces hay que demostrarle, aunque sea con esfuerzo, que sigues siendo feliz.
La felicidad es acaso ese pedazo de luna que encontramos en la cama pero que no tiene otro remedio más que convertirse en sol, es acaso ese guiño de sublimidad que nos recorre la espina dorsal y nos adormece ante el vértigo placentero entre la vida y la muerte de un beso.
La felicidad es acaso el universo eclipsándose en tus ojos en un segundo, es acaso el respiro pausado que se desprende de tu muerte sigilosa entre un lecho de rosas, es quizá el viento que te golpea suavemente recordándote que estás vivo, es quizá el sonido que produce la garganta cuando se queda sin palabras, la felicidad es acaso seguir recostándose en el hombro de la esperanza, es acaso vestirse para la ocasión de un reencuentro, es quizá verse reflejado en el espejo de la libertad y sentirse satisfecho.
La felicidad es acaso ese momento en que descubres que ese mismo bicho que anda y anda y que se le apareció a Cortázar, también se aparece en tus intentos de existir, también se apodera de tu luna, de tus ojos, de tu eclipse y de tus rosas, y entonces hay que demostrarle, aunque sea con esfuerzo, que sigues siendo feliz.
