lunes 28 de septiembre de 2009

Hojas de Otoño, a lo Van Gogh

Paisaje otoñal de Vicent Van Gogh


"Caminante no hay camino, se hace camino al andar." Antonio Machado

Susurros. Verse de cerca, repasarse las pupilas. Aprender a verse en el espejo. Hace tanto que no te parás, quiero decir que no te parás en el silencio prolongado y me escuhás, me dice una de las voces del pasado que me trata de vos. Yo no sé por qué pero a veces el silencio me hace pensar en las cosas que fui y que no soy más. Sí, a veces creo que es porque te da miedo y te asustás. No, lo que sucede es que la vida ahora va de prisa y en serio, además ya no me acuerdo tanto de cuando el mundo era tan pequeño que cabía en una luna de plata inventada. Caminar sobre las calles de Madrid, la calle del amor de Dios, qué simpática. El viento que galopa con elegancia sobre las hojas de otoño, a lo Van Gogh. ¿Pero vos te pensás que la incertidumbre, el desasosiego y la paranoia desaparecen por arte de magia? No, no lo creo, sólo te digo que ya no pienso en ello. La lluvia extraña que acaricia los dinteles de la ventana y del alma, tiene un aroma lejano como proveniente de otro mundo. ¿Te recordás del aroma de tierra mojada del parque del Calvario en las tardes de invierno, y las lombrices que salían a montones y había que esquivarlas para no pisarlas? No, Eso te lo estás inventado. Rumores de muertes apiladas, tantas cosas que ya no existen, despojarse del tercermundismo. Ardua tarea que implica hablarte de frente y decirte que hay un momento irremediable en el que algunas veredas se bifurcan, y sólo la incapacidad del olvido, las mantienen en el limbo, sin morir, pero sin estar vivas. ¿Te acordás de los ojos gatunos? Sí, es lo único que realmente recuerdo con nostalgia. Caminar sin voltear la vista, caminar, viéndote desaparecer de las líneas de mis ojos, verse en el espejo. Voltear la página. Aceptar que sólo así se hace el camino.

domingo 20 de septiembre de 2009

Paráfrasis de un verso de Neruda y divagaciones sobre la memoria...


“todo lo llenas tú, todo lo llenas” Neruda


Para inventarte mi memoria repasa el paraíso que escapaba de tu boca y se instalaba ante mis ojos, sin testigos, en un segundo sublime más inmenso en valor e intensidad que todos los milenios. Repasa tu sonrisa que se comía al sol y lo dejaba hecho trizas, el cariz bondadoso de tus ojos recién abiertos en la mañana. La memoria es esa manía que tengo de comparar este segundo con aquel otro, y me quedo con el otro, en el que todo lo llenabas tú. Para inventarte la memoria me distrae recogiendo las semillas facciosas que han brotado de tus manos y que no me dejan reconciliarme con este ahora, crujen mis deseos famélicos por delinear tu sombra. Para inventarte cierro los ojos y mi memoria me hace recordar idílicamente el matiz luminoso que se desprendía de tu rostro, cuando la oscuridad fingía puerilmente a ser inmensa.
Pero hoy soy miedo porque ésta realidad, ésta que tengo aquí al lado, que no me quita la mirada de encima y que me hace sentir tan incomoda, es tan antípoda a la placidez inherente que mi memoria me dice que sentí cuando habité en tus poros y lo llenabas todo, que parece casi imposible que alguna vez allá sido de otro modo y empiezo a sospechar con desasosiego que quizá, esta memoria mía no hace más que recordar mis sueños como si en verdad hubiesen existido, y niega el recuerdo de la realidad que nunca ha tenido otro rostro más que este pálido que se le dibuja con desdén.

Y ante el abismo de la tristeza que amenaza con succionarme, pienso que si mi memoria es un instrumento onírico con el que me es posible fantasear e inventarte, debo creerle con inocencia y recordar placidamente aquel momento en que todo lo llenabas.

Leer el Poema 5 de Neruda

domingo 13 de septiembre de 2009

Un caminar desesperado



Acusaciones que caen sobre un lánguido despropósito de infringir en las soledades.
Humanas vertientes incapaces de proveer exactamente aquello que necesitamos, calles absolutamente llenas, ¿precisamente de qué?
Atardeceres clonados inventando una paradoja del universo y el eterno retorno.
La pulsión de muerte es probablemente tocar tierra y no querer volver a levantarse.
Evocaciones que se mecen en la tristeza solemne y profunda de la luna, una tristeza que la hace pálida como la nausea.
Un caminar desesperado, innecesario acaso, del gato que ronda de nuevo el tejado, de sus ojos inquisidores buscando vanamente esperanzado, la tierra que hace tanto ya no le pertenece.
Mi infortunio cansado de no merecer un poco de suerte se sienta en el balcón por largas horas a suspirar profundamente –un accionar que se le aprueba y se le consiente, pues es un melancólico-
Bocanadas de viento que arremeten en contra de las copas de los árboles, un ave cae muerta, me aproximo y le doy vuelta al cuerpo inerte con un palito, observo detenidamente el contorno de sus ojos enclaustrados en un plumaje verdoso, parece como si durmiera y pienso admirada que hay cosas que inteligentemente sólo muertas se dejan tocar. Sigo arrastrando los pasos, como si la noche fuera eterna, por allá a lo lejos, alguien grita que hay que ir más de prisa, bajo la vista y simulo no escuchar, pero inconscientemente aligero el paso.
Me fastidia el sin sentido de la peregrinación por el camino de lo que hay que andar, y volteo la vista esperando convertirme en sal, ante mi mirada el gato agazapado al lado del plumaje verde, merodeándolo curioso con sus garras furtivas. Ambos nos hemos sorprendido ante la muerte, pero parece como si el hubiera comprendido algo que yo no, y se queda jugando con ella, yo en cambio continuo con mi caminar desesperado, innecesario acaso.

sábado 5 de septiembre de 2009

La noche se vuelve mágica

*Looking out of the twilight, Paul Klee

Me visita el crepúsculo acompañado de un galope que se hace audible a mis sentidos, parecido al canto armónico de una gota cayendo detrás de otra, guardo silencio y escucho atentamente, entiendo que es tu corazón que palpita a quien sabe cuantos horizontes de ésta ventana pálida que me refugia y separa ilusoriamente de ese mundo hostil en el que se han convertido los pasos progresistas de la civilización. Paralelo a esa realidad lacónicamente despreciable, incongruentemente, en lo más oscuro de las soledades, se devela un rayo de luz tenue al sentir tu corazón palpitando cerca, muy cerca del mío, y empiezo a divagar, a hacer juicios, a crear silogismos que me dicen que tu corazón ha de ser el que palpita en mi pecho, pues el mío es un mándala que contiene tu imagen, la apoteosis de tus miles de fragmentos que me cubren la vista con un manto más noble, y así es como sucede que lo que veo ahí afuera de pronto empieza a lucir un poco mejor y a vestirse con un aire bucólico reconfortable que únicamente puede provenir del palpitar de tu pecho, que descubro un tanto sin sorpresa que es el mío. Y la noche se vuelve mágica, el galope se transforma en música, y sigo escuchando atentamente, all in twilight...

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