domingo 22 de noviembre de 2009

Microrrelatos: ágiles ficciones

“El microrrelato prefiere el pensamiento a la acción, la sonrisa descreída a la verborrea justificadora. El microrrelato parece estar siempre de vuelta de todo, haberlo leído todo y ahorra palabras dialogando tácitamente con otros textos. El microrrelato es familia política de la narración convencional y pariente consanguíneo de la poesía, con quien comparte juegos de palabras y elocuentes silencios.” Javier Almuzara

El ruido

Volvió de madrugada midiendo los pasos e introduciendo la llave en el cerrojo con extremo cuidado para evitar anunciar su llegada, un gato asustado saltó de una lata de basura provocando un ruido estrepitoso que fue amplificado por el silencio. ¡Cállate, la vas a despertar! le dijo con ira. El felino noctívago lo observó con cierta conmiseración, si supiera que ya nadie lo espera, maulló mientras proseguía su camino.

Facebook

-Desde que abrí una cuenta en facebook presiento que alguien me espía.

-Cariño, para eso es facebook.

-Ah, entonces está bien.

Procedencia

Cuando se subió al tren se sintió feliz de partir de aquella maldita ciudad. Al paso del tiempo, quizá de los años, en algún atasco del tráfico y entre la aridez de la premura alguien de entre la multitud le gritó “maldito”, no pudo responder, se sintió desnudo, alguien había descubierto su procedencia.

Revelación

La vio y supo de inmediato, con el corazón sobresaltado, que era ella a la que amaría por siempre pero cuando despertó no recordaba su rostro.

Recuerdo

Las violetas se marchitaron, se las entregó muertas. ¿Por qué me das éstas flores muertas? Preguntó ella indignada, porque seguramente no recuerdas cuantas veces te he traído flores pero nunca se te olvidará el día en que te las traje muertas, respondió él.

Más allá de la ventana

-No me interesa una relación formal –decía ella con un semblante de duquesa- he pensado que es mejor disfrutar de los cortejos sin caer en ansiedades. Sí, tienes razón –le respondió él- por lo menos mientras seas joven y bonita. Ella se quedó callada por un rato con la mirada puesta sobre la espesura del bosque más allá de la ventana. Sí, me casaré contigo, dijo finalmente.

El duelo

El primero en disparar falló el tiro.

-¿Leíste el disparo memorable de Pushkin? Le preguntó el otro mientras suspiraba aliviado.

-No, pero ¿qué tiene que ver eso con este duelo? ¿Por qué no me disparas de una buena vez?

-Porque no estás para pensar en la muerte, vete y lee ese relato, pero ten cuidado de ser feliz, porque yo me lo he imaginado con un final distinto.

sábado 7 de noviembre de 2009

Sobre Brecht y Orión


Cosas elementales de la cotidianidad, el sonido de la persiana mientras sube con el alba, la desidia de las hojas entregándose al polvo, la caminata pausada del que no tiene a dónde ir, tu mirada ausente como dios de las penas de los hombres. El eco amplificado del 1940 de Brecht apoderándose de estos dominios, ¿para qué? quisiera decirle, lo único que queda es la poesía.
El viento que parece desprenderse de la furia de una tierra ultrajada, ansiosa por sacudirse y destrozar nuestros estúpidos deseos progresistas. Ayer, cuánta vida acumulada en cinco letras. Mañana, cuántas ansiedades golpeándose contra seis. Mi boca, tu cuerpo, el murmullo de lo intemporal filtrándose por debajo de la realidad. Una gota de vino que se derrama intencionalmente sobre el borde de la copa hasta llegar a tus manos, la calidez de las añejas noches de verano que se estancaron en Madrid se cuelan de pronto en la cotidianidad de los recuerdos y me dan sentido. Hoy, tres escasas letras para sostener la existencia, tres pilares que hacen esfuerzos indecibles por sostener la mirada pausada reclamando futuro. El frío que va haciéndose inmenso, el idilio del sonido de tu voz, las rendijas de los mundos paralelos, la noche llegando temprano estos días, mis ojos buscando misticismo en la estrella rosa de Orión, y al final de la conciencia el miedo terrible de despertar en soledad, otra vez.

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