Y sin embargo, cuanto mejor hubiera sido hacerlo antes de que la tragedia y el caos se apoderaran de la isla. Ojalá hubiésemos tenido o tuviésemos lucidez colectiva sobre el concepto del verbo “prevenir”. Y ante alguna ceja levantada, quiero aclarar que no hablo de haber prevenido el terremoto en cuanto a catástrofe natural, ante esas cosas somos vulnerables todos y a veces hasta da la impresión de que ni las deidades pueden intervenir. ¿Entonces prevenir qué? Pues seguramente podrían haberse hecho muchísimas cosas, mejoras en la infraestructura del país, las instituciones gubernamentales podrían haber estado mejor organizadas, la cooperación internacional hubiera sido de gran beneficio si se hubiera organizado y recibido durante el tiempo de bonanza de Haití (como si eso realmente alguna vez hubiera existido en el país más pobre de América)
Vamos, que los problemas de Haití no empezaron con el terremoto, tomando en cuenta la pobreza extrema, corrupción, ingobernabilidad, desnutrición, narcotráfico etc, etc, etc. que desde hace mucho tiempo tienen infestada la isla. ¿Por qué nadie hizo nada para ayudar a Haití antes? Me refiero a la gente con la capacidad de ayudar, a la cooperación internacional, a los gobiernos del primer mundo y ¿por qué no? a los granos de arena de millones de personas que ahora envían uno o dos euros para ayudar y que no les afecta en nada hacerlo. Pues que pasa lo de siempre, que a todos nos vale un bledo lo que le pasa a los demás, hasta que los tenemos metidos en los medios llorando una tragedia que nos conmueve las entrañas y nos hace pensar en nuestra propia vulnerabilidad. Pero las noticias pasan, otras tragedias suceden y cambia nuestro lente. ¿De quién hablamos ahora?
Lo que pasó en Haití, ya no se puede cambiar pero ojalá que la ayuda que reciban sea por lo menos suficiente para dar un poco de esperanza y reconstruir, si se puede, la isla y también los sueños de los millones de ciudadanos que ahora no son más que vagabundos. Pero en mi mundo utópico e idealista por elección, esto serviría para que los humanos nos diéramos cuenta de que somos en realidad todos hermanos más allá de la retórica y nos ayudáramos unos a otros, no a detener terremotos, pero sí a consolidar las sociedades para que las consecuencias de tragedias como éstas fueran menos catastróficas. Para tendernos la mano, no sólo en momentos críticos como estos, sino en todo momento para garantizar que todo ser humano tuviera el derecho de vivir dignamente. Eso no es tan difícil, si los que tienen el poder para hacerlo tuvieran esa conciencia.
Puesto que hoy nos lamentamos por Haití, pero y si estuviera por ocurrir un terremoto en Guatemala, o en Honduras, o en otro país en “vías de desarrollo”, ¿Se podrían tomar medidas preventivas para menguar posibles daños? Seguramente que sí, ¿por qué no se hace algo entonces? ¿Por qué no hablamos un poco de los desamparados de este mundo?, o mejor todo el tiempo, hasta que no existan más desamparados.
