
El bolígrafo de gel verde del escritor español Eloy Moreno, es una novela de carne y hueso en la que a través de sus páginas nos encontramos con personajes de los que abundan en el mundo, que viven en medio de la rutina, el trabajo, el tedio, y la monotonía. Personajes que, teniéndolo todo, no tienen nada.
Para no entrar en explicaciones filosóficas complejas, diremos que el protagonista de dicha novela es un claro prototipo del sujeto que existe inauténticamente: Un tipo que ve como la vida se le escurre como en un colador sin poder evitarlo porque además es cobarde. Un tipo que dice lo que hay que decir, que hace lo que se dice que hay que hacer, que trabaja como hay que trabajar (es decir pasando más tiempo en una oficina que con los que quiere), y que tiene plena conciencia de que sus días son una repetición de lo mismo con ligeras o nulas variantes y que además desarrolla una vocación patética voyerista, debido quizá, a lo insignificante de su propia vida. Un tipo que ve a la muerte tan lejana que no se da cuenta de que cada minuto que transcurre en su reloj tiene una densidad ontológica valiosísima.
Un tipo, que para nuestro terror, si nos descuidamos es posible que habite en nuestros espejos.
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